miércoles, 24 de noviembre de 2010

Dudas...dudas y más dudas – Capítulo V (Parte I)


Ya era tarde, más o menos las seis y el ensayo con la banda era a las siete de la noche, así que, en cuanto llegué a mi casa me duche y me cambie lo más rápido que pude. Salí corriendo y me dirigí a la casa abandonada. De camino, me puse a pensar en lo que dijo Manuel, ¿Podía ser cierto? ¿Me seguía queriendo? ¿Todo era mentira?, todas esas preguntas revoloteaban en mi mente como pájaros asustados. Él había vuelto. Esa era la única verdad y con el habían regresado los recuerdos tan dolorosos del pasado, con su regreso también volvieron a florecer sentimientos que pensé que ya había superado. Cuando llegue, en la sala solo estaba Mauricio, ajustando las cuerdas de su guitarra. Definitivamente era un mal día, estaba sola con él, lo peor estaba pasando.

-        ¡Hola! – lo dijo de un modo tan tierno que me provocó abrazarlo.
-        ¡Hola! – dije tímidamente
-        ¿Cómo estas?
-        ¿Yo?... este…muy bien y ¿Tu? – casi tartamudeando.
-        Igual, bien.

Se hizo un silencio muy incomodo, no me atrevía a hablarle, así hubiera querido no tenia un tema suficientemente interesante para hacerlo, pero al parecer él si lo tenía.

-        ¿Hace mucho que conoces a Claudia?
-        Pues…. Se podría decir que sí.

El silencio llego nuevamente, aunque, esta vez se vio interrumpido por un accidente. Mauricio estaba sangrando.

-        ¿Qué te pasó? – creó que yo estaba más asustada que él.
-        No, nada, solo me corte con una cuerda. ¡Au!, pero si duele mucho.
-        Espera, creo que puedo ayudar.

En mi cartera siempre cargaba algo de alcohol y algodón, los usaba muy seguido para limpiar mis discos de música.

-        Te va a doler un poco.
-        ¡Por dios! – duele mucho, ¡sácalo!
-        ¡No seas gallina! – cuando reparé en lo que dije, me sonroje. Nunca le había hablado con tal confianza y pensé que él se molestaría, así que, lo mire a los ojos por unos segundos como quien dice lo siento y el lo entendió muy bien.
-        No te preocupes, es mejor que seamos amigos si vamos a estar en el mismo equipo. -  con esas palabras el quito la barrera que nos separaba, el ya era mi amigo.
-        ¿Esta mejor la herida?
-        Si, el alcohol duele, pero funciona.- estaba riéndose conmigo, no lo podía creer.
-        ¡Que exagerado, solo fue algo chiquito!
-        Jajá, quiero ver si dices lo mismo, si te pasa a ti.

En ese momento recordé los cortes que había tenido en el brazo derecho. Todavía tenía algunas marcas, a pesar de todos los tratamientos que seguí.

-        No llore igual que tú cuando me paso.
-        ¿Te paso? Seguro con un cuchillo. ¿Estabas jugando?
-        No, no fue con un cuchillo y ojalá si  hubiera estado jugando.
-        ¿Qué? ¿Por qué?
-        El año pasado, unos hombres intentaron secuestrar a mi mamá. Ella estaba conmigo en el carro, nos quedamos estacionadas por la luz roja y de pronto un tipo rompió la luna del carro y todos los vidrios cayeron sobre mí. El tipo trataba de sacarme del carro a la fuerza y me jalaba del brazo haciéndolo pasar una y otra vez encima de la ventana rota.
-        Lo siento, no sabía. – en ese momento yo tenia la mirada hacia abajo, estaba pensando en lo que paso.
-        Te ves muy linda hoy. – en cuanto sus palabras llegaron a mis oídos mi cuerpo se escarapeló y bajo de temperatura drásticamente.
-        ¿Qué?
-        Te ves linda hoy, no se te noto algo diferente.
-        Gracias - fue lo único que se me ocurrió decir.
-        Y…
-        ¡Hola chicos! – llegaron en ese momento los dos chicos que faltaban – lo sentimos, nos agarro el trafico.
-        No pasa nada – dijo Mauricio – todavía no empezamos.

Continuamos con los ensayos, mi cuerpo estaba ahí cantando y sin embargo, mi mente estaba en otra cosa. En lo único que podía pensar era en el “Te ves muy linda hoy” ¿Acaso le gustaba?

martes, 23 de noviembre de 2010

El tiempo NO cura las heridas – Capítulo IV (Parte II)


Ese día tenía ensayos con la banda, era un día difícil, iba a estar sola con tres chicos y lo peor es que ojos negros era  uno de ellos. No percibía ni la más mínima idea de cómo afrontar esa situación, era obvio que íbamos a entablar conversación.  De pronto me percate de algo muy importante: No tenía nada que ponerme! Nunca antes yo me había preocupado por cosas tan banales. Con  mucho esfuerzo logré que mi mamá me diera algo de dinero, así que, fui de compras. Por supuesto fui sola, nunca lo había hecho, Claudia siempre fue mi acompañante para esas ocasiones, pero esta vez no podía pedírselo, no podía contarle que quería verme bonita para ver a su enamorado. Llegué al centro comercial con mucha facilidad, el autobús me dejó a solo media cuadra de distancia. Cuando entre, no sabía por donde comenzar, no sabía que era lo que estaba buscado y lo más horrible era que me sentía como una hormiguita en medio de tanta gente.
-           ¿La puedo ayudar?- Era una mujer de mediana edad, con una voz muy amable. Tenia el cabello color rojo encendido y la piel morena, un desastre en toda la extensión de la palabra.
-           Este.., creo que si, pero en realidad no sé lo que estoy buscando- yo pensé que con esa respuesta la mujer se iría y me dejaría ahí tirada, pero no fue así.
-           ¿Es una ocasión muy especial?- pregunto con mucho interés.
-           No, solo una reunión con unos amigos - Si le decía que quería ropa para tocar en una banda, seguramente me habría visto como un bicho raro.
-           Perfecto, tenemos la nueva colección de verano, acompáñeme por aquí, por favor.
-           Si, claro- la seguí por los corredores, hasta que llegamos a lo que parecía ser la sección juvenil. En cuanto llegamos lo vi, supe que ese era el atuendo ideal. Estaba colocado en un maniquí, se trataba de una jean oscuro con aplicaciones extravagantes y el polo más lindo que jamás había visto (siempre digo lo mismo), era de color rosa con un corte sumamente apropiado para mí. La vendedora exagerando de amable me acompaño a pagarlo y me siguió hasta la puerta de la tienda.
-           Hasta luego vuelva pronto- se despidió con una sonrisa que casi podría jurar se salía de su diminuto rostro.
Salí muy contenta de ahí, había conseguido lo que quería, estaba agotada, así que, me dirigí a tomar un taxi dentro del centro comercial (nunca tomen uno de fuera porque no es muy seguro que digamos, seguridad ante todo).
-        ¡Hola!, a la Av. Puertas por favor.
-        Si claro, suba. El taxista se disponía a abrirme la puerta cuando….El apareció.
-        Yo llevo a la señorita. Me cogió de la mano y caminamos unos cuantos metros, yo estaba totalmente fuera de mí, solo lo veía, no podía pensar. Hasta que por fin pude reaccionar cuando llegamos al auto.
-        ¡Suéltame idiota! – grite con todas mis fuerzas, el me soltó en el acto. De su auto salió una mujer de más o menos su misma edad.
-        ¿Amor que pasa?- dijo la mujer exaltada.
Quede más confundida todavía ¿Amor? ¿Ella era su novia?, mi cólera creció aun más en esos pocos segundos. Como era posible que me llevara con su novia, el estaba loco o simplemente había vuelto hecho un sin vergüenza.
-        Natalia, por favor ve al departamento. Necesito hablar con ella – Esto último lo dijo mirándome fijamente a los ojos.
-        Pero, acabamos de llegar y me prometiste que estaríamos juntos hoy.
-        Vete con ella, yo no tengo nada que hablar contigo- Me fui caminando a pasos agigantados con la mente llena de dudas y rabia.
-        No, espera, en serio necesito explicarte muchas cosas – me alcanzó y me cogió nuevamente del brazo. La forma de cómo me miraba término convenciéndome.
Solo me limité a asentir con la cabeza.
-        Regresa Natalia, por favor, solo esta vez
La mujer acepto de mala gana y arranco el auto, en cuanto vimos que salió del centro comercial. Manuel y yo nos dirigimos hacia adentro y entramos a un café bar.

-               Habla rápido que no tengo mucho tiempo
-               Andrea, no seas así conmigo,  yo te sigo queriendo. En estos años       no deje de pensar en ti ni un solo día.
-               No me hagas reír, quieres.
-               Es la verdad. Siempre estuviste presente para mí.
-               ¿Así? Y por eso no me llamaste ni una sola vez, ¿No? – En ese momento no pude más y la lluvia comenzó a caer.
-               No es lo que tú crees, tuve razones muy fuertes para no buscarte.
-               Pues dímelas ahora.
-               No puedo, no todavía.
-               No puedes por que seguramente esas razone no existen.
-               Por favor, confía en mí.
-               ¿Confiar en ti? ¡Dime como puedo confiar en una persona que prácticamente me abandono, me que dejo sola y que en todo este tiempo nunca le importe! Tú no sabes cuantos meses estuve buscándote, mandándote correos, te llamaba, pero tú nunca respondías. Yo te amaba con todas mis fuerzas, creí que me moría cuando te fuiste, pasé cosas muy duras por ti. Y ahora vienes y me pides que confié en ti. Lo siento pero no puedo.- Estaba llorando, tenía la cara completamente mojada y a todas las personas del bar observando nuestra pelea. Él no dijo nada y yo cogí mis cosas y me fui, él salió detrás de mí, pero no pudo alcanzarme esta vez. Tome el primer taxi que vi y llegué a escucharlo gritar “te seguiré buscando”.

Mi corazón latía más fuerte que nunca, había hablado con él después de mucho tiempo. Nuestro reencuentro solo me confirmo que lo seguía queriendo, no sabía a que grado, pero cuando hablaba con él solo pensaba en una persona, Mauricio.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El tiempo NO cura las heridas – Capítulo IV (Parte I)

-¿Estas bromeando? ¿No?- En mi mente, en serio, creí que me estaban tomando el pelo.
-Para nada, ¿Por qué? No… ¿Quieres?- parecía asustado, sus hermosos ojos negros se dilataron y su rostro adquirió por unos instantes una ternura increíble.
-Por supuesto que no  - Era mentira. Claro que quería, era el motivo perfecto para tenerlo cerca, pero no podía permitirme esos atrevimientos. No me creía capaz de estar cerca de él y al mismo tiempo de olvidarme de ese amor que me estaba matando lentamente.
-Te lo ruego, por favor, tienes que hacerlo. – sus ojos me clamaban que aceptara, pero en ese momento mi razón tenia que imperar. No me estaba permitido doblegarme.
-Lo siento, pero aunque quisiera no podría.
-¿Por qué?, podemos solucionarlo.
No tenia ningún impedimento, en la universidad me iba más que bien y mis padres estarían encantados de que la menor de sus hijas perteneciera a una banda. Para mi mala suerte, no se  me ocurrió ninguna excusa en ese momento.
-¿No tienes nada? ¿No es así? – Ahí iba de nuevo la traicionera.
Me di por vencida, mi corazón y mis sentimientos ganaron la primera y la más decisiva de las batallas en la guerra que estaba librando para acabar con el amor hacia ojos negros. En cuanto mi boca articulara las primeras palabras, ya no habría retroceso.
-Está bien – Ya estaba hecho, todo había acabado, aunque mas tarde comprendí que fue entonces cuando verdaderamente todo empezó. Fue en ese instante cuando mi vida empezó a cambiar.
No pude resistir aceptar. Ojos negros me lo había pedido y hasta prácticamente me había rogado, eso era suficiente para que mi mente quedara en stand by y mi corazón empezara trabajar horas extras.
Más tarde cuando regrese a mi casa, fui a mi habitación y me recosté en la cama mirando el techo, mi papa había hecho un cuadro ahí hace algunos años, era el cuadro más bello que yo había podido ver. Cada vez que quería pensar, miraba el cuadro con mucha atención, no sé si estoy loca, pero siempre pude encontrar respuestas allí. Era un cuadro abstracto y lleno de color por lo que cada vez que lo miraba veía algo diferente y nuevo.
- I will not make the same mistakes that you did….- era mi celular que por cierto estaba debajo de la cama. Es una larga historia el por qué estaba ahí.
-¿Aló?
-¿Andrea?
-Sí, ¿Quién habla?- la voz era familiar, pero no sabia exactamente de quien.
-Vaya, hasta que por fin doy contigo, soy Fernando.
-¿Fernando? ¿Fernando que?
-Fernando Soto.
-Ups, lo siento amigo, estoy en otra.
-No te preocupes, solo llamaba para decirte que me acabo de enterar de algo realmente grande, estoy seguro de que te va a interesar.
-¿De que hablas? – ya había sembrado la expectativa
-¿Estas sentada?
-¿Qué? ¡Por que?
-Si no lo estas, mejor siéntate.
-Ya ok, dime.
-Manuel, regresa mañana.
Era imposible. Llevaba años sin saber de él, nunca lo busque porque la forma en que terminamos no fue una de las mejores, mi mama prácticamente me separo de él, según ella no era correcto que salga con un chico mucho mayor que yo. El tenía dieciocho años cuando yo solo tenía catorce,  lo conocí porque él era el único hijo de la mejor amiga de mi mamá, así que siempre me visitaba con la excusa de llevar algún encargo de su mamá. Todo iba muy bien hasta que un día estábamos besándonos en la sala de mi casa y mi mamá nos vio, nunca supimos en que momento entró, nos dimos cuenta cuando ella ya lo tenía sujetado de la camisa. En fin, se puede decir que el fue mi primera ilusión, y ahora estaba de vuelta.
-¿Qué? No puede ser, ¿No estaba en Londres?
-Sí, pero sus papás pusieron una sucursal de su empresa en Lima y parece que él la va a administrar.
-¿Es chiste no?
-No, esto es en verdad en serio. No estoy jugando.
-¿Qué va a hacer?
-¿Hacer?, Nada, si no me busco en seis años. ¿Por qué tendría que hacer algo?
-No sabemos porque no lo hizo, debió tener motivos muy fuertes. Tal vez no lo dejaron.
-No lo se, pero yo no pienso buscarlo.
-Bueno, ya es tarde, piénsalo.
-Esta bien, hasta mañana.
Esta noticia despertó en mi sentimientos muy profundos, lo seguía queriendo, no había dudas, pero y ¿Lo que sentía por Mauricio?, donde quedaba. No quería atormentarme así que decidí dormir y ver hacia donde me dirigían mis sueños esta vez.